retorno a clases
Se podría decir que estamos a puertas del retorno a clases más importantes de la historia del Perú, o por lo menos de las últimas décadas. Después de 700 días sin colegio, o algo por ahí, los niños y los docentes volverán a las escuelas de forma presencial.
Los padres estamos en su mayoría contentos porque al fin tendremos a nuestros hijos en un lugar físico para aprender, pero a la vez preocupados porque no sabemos con qué tanto aprendizaje los chicos están volviendo al colegio. ¿Se habrán atrasado? ¿Tendrán que reforzar aparte? ¿Se les hará fácil volver a socializar? ¿Se habrán olvidado de todo lo académico enseñado de forma virtual?
Y, ¿qué pensarán los padres cuyos hijos no asistieron ni siquiera de forma virtual al colegio? De hecho, en el Perú, cientos de miles de estudiantes de zonas rurales no tienen acceso a internet o incluso a electricidad. Es decir, han tenido 2 años de pérdida escolar absoluta.
Ahora los profesores no solo recibirán a un número determinado de estudiantes por aula de la misma edad y que han venido del mismo grado escolar anterior. Ahora estamos frente a un panorama de aulas absolutamente heterogéneas, donde tendremos a niños que sí siguieron la malla curricular de forma virtual en pandemia de forma medianamente exitosa, a otros que lo hicieron por radio o televisión y que claramente tienen vacíos académicos graves, y a otros que ni siquiera abrieron un solo cuaderno en los casi 700 días de pandemia.
Tendremos a niños que no pudieron estudiar porque tuvieron que salir a trabajar. Tendremos a niños que plagiaron en todos los exámenes para pasar sus cursos y a otros que sufrieron de una terrible ansiedad y de estrés durante el encierro y que simplemente no pudieron seguir el ritmo virtual. Y tendremos a otros niños que comenzarán colegio en pleno duelo, o que aprendieron a vivir con la muerte de forma muy cercana.
Entonces, nos enfrentamos a un gran reto. Se habla mucho del reto de la infraestructura, que, por supuesto considero que lo es, pero no hablamos del reto académico y emocional al que nos vamos a enfrentar a nivel nacional. No hablamos de la necesidad de capacitar a nuestros maestros en temas tan complejos e importantes como:
1) La realización de un diagnóstico del nivel académico de los niños
2) La diferenciación de la enseñanza para un aprendizaje exitoso y motivador
3) El fortalecimiento socio emocional para un aprendizaje integral
4) La re-socialización como pilar fundamental del retorno
Si los maestros no realizan un diagnóstico para entender en qué nivel está cada uno de sus estudiantes, será como manejar un carro con una venda en los ojos, lo que llevará indiscutiblemente a un terrible accidente. Lo mismo pasará en la educación.
Si los maestros no reciben capacitación de cómo diferenciar la enseñanza, estos no tendrán los recursos necesarios para resolver la necesidad de cada uno de sus estudiantes. Si ya de por sí, antes de la pandemia, se sabía que cada estudiante aprende distinto y por eso hay que ser flexibles en los modelos de enseñanza, imagínense ahora con aulas absolutamente heterogéneas no solo a nivel del estilo de aprendizaje de los estudiantes, sino de la situación de cada uno y de lo que cada uno ha tenido que vivir en estos 700 días sin ir al colegio.
Si los maestros y autoridades escolares no entienden que los niños van al colegio a aprender para la vida y no solo para aprender cosas académicas, y por lo tanto el estado socio emocional de los estudiantes es fundamental, estaremos en serios problemas. Si desde antes de la pandemia los niveles de ansiedad en menores de edad estaban en incremento constante en el Perú, imagínense ahora.
Si los maestros no están preparados para generar espacios de confianza y de seguridad para que se lleve a cabo la re- socialización de forma saludable, estaremos nuevamente en grandes problemas, donde el bullying, la inseguridad y la desmotivación serán solo algunas serias dificultades que volverán a estar a flor de piel.
Como se puede ver, tengo una profunda preocupación cuando pienso en este retorno a clases escolares. Si bien estoy muy contenta de que al fin las escuelas abran, y sé que es lo mejor para nuestros niños, siento que muchas veces seguimos mirando este retorno a clases con una venda en los ojos donde no terminamos de ver con claridad la realidad y la profundidad del tema. Este regreso a clases debe tener muchas más metas que únicamente mejorar la infraestructura de los centros educativos. El problema de nuestro sistema educativo peruano tiene raíces mucho más profundas y es importante y urgente verlas y hacernos cargo.