asia ilimitada
Hace tiempo me dicen que escriba acerca del alcohol en menores de edad y la verdad es que recién me animo. Debe ser el verano caluroso que me ha convencido. Algo pasa con el verano que todo se vuelve ilimitado. No sé qué es exactamente, pero muchas cosas pierden sus límites. ¿Se han dado cuenta? Los permisos. Las salidas. Las horas de recojo. Las invitaciones. La moral. Algunos niños que acaban de terminar primero de media les informan a sus padres que ya pues, ya es momento de que van a tomar y “es mejor que sepan”. Otros, lo hacen a escondidas. Algunos padres se hacen los locos. Otros, bueno, viven creyendo que sus hijos viven en un mundo paralelo de santidad.
El tema central de este artículo no es hablar en sí de que los niños tomen alcohol, sino reflexionar acerca de cómo y dónde lo hacen, porque claro: son menores de edad (pequeño importante detalle, ¿no?). Hablaré netamente de Asia, para centrar un poco el tema. Asia, donde muchos o tienen casas de playa, o alquilan o son invitados. Acá no necesitan pedir alcohol por Rappi (como lo hacen muchas veces en Lima), sino es mucho más fácil, en las bodegas nomás. O mejor: saco trago del bar de mi jato. O mejor aún, me lo robo del tío que me ha invitado a su casa. Y lo mismo pasa con los cigarros. Niños de 12 fumando por las playas. “Total, nadie me ve, mis papás están a 10 playas más allá”.
Y así es como los juegos en donde de día juegan los niños entre los 2 y 8 años, se vuelve el spot alcohólico para los “mayores” de 12-16 años. Basta con ver cómo el saltarín se transforma a las 11pm un sábado. O ver cómo la casita de Fisher Price se vuelve el nuevo bar. Pero esto, señores, son solo los previos.
Como los permisos son ilimitados (porque en realidad no todos los padres se cercioran de que en efecto los chicos llegaron a dormir a la hora indicada), los chicos siguen el plan en el Boulevard. Y para no dejar rastro de cómo llegaron allá, no tienen mejor idea que ir a PIE por uno de los caminos oscuros (un terral) que lleva de la playa al Boulevard. ¡Pero tranquilos! “Como vamos con amigos hombres, no pasa nada”. Creen que los “amigos hombres de 16” son sinónimo de Superman y entonces están súper bien cuidadas.
Entonces, tenemos a chicas y chicos de 14 (más/menos) borrachos por Asia sin ningún control… entrando a discotecas de mayores de edad y sus papás en parrillas pensando que sus hijos están jugando yaxes en alguna terraza. ¿Y qué pasa entonces? El típico “me chapé a tu flaco porque estaba demasiado borracha”, “mi hija terminó en coma etílico porque la drogaron, ella nunca toma”, “invité a una amiga a dormir a mi casa y nunca llegó”, “El VIP me dijo que le diera un beso para entrar a la discoteca, entonces se lo di”. Siempre poniendo la responsabilidad en una tercera persona o en un factor externo a uno, ¿se dan cuenta?
De hecho, acá en Lima nos encanta hacernos los locos. Pero no creo que nadie acá se haya olvidado el no tan lejano caso de acto sexual que hubo entre chicos de un súper buen colegio de Lima. Pero ya pasó, ¿qué importa ahora?. PASA señores, pasa y mucho. Tengamos cuidado. Cuidemos a nuestros hijos. El alcohol no es el culpable de todas las cosas que estamos viviendo, el problema es mucho más profundo. Es un problema social mucho más hondo.
¿Será momento de EDUCAR a los chicos para que sean responsables de sus propias acciones? Hoy todo está permitido: chaparte al enamorado de tu amiga, mandarle fotos con poca ropa también, perdonar a esta amiga como si nada también. Escaparte y mentirles a tus papás también. Robar trago también. Tener DNI falso también. Todo está permitido. Todo es ilimitado. Total, “estaba borracho, no fue mi culpa, no quise hacerlo”.
¿Será que ya es hora de parar en este mundo de ilimitados en el que vivimos? ¿Será que es momento de darse cuenta que mandar a un hijo a una casa ajena es una gran responsabilidad no solo para los padres del niño, sino también para la familia que recibe al niño? No solo se trata de que haya una cama libre en la casa. Son menores de edad. No es cuestión de llegar el viernes, depositar al niño y “ya es domingo, vámonos de vuelta a Lima”.
El tomar y el divertirse siempre han tomado lugar. No estamos hablando de eso. Estamos hablando de que hoy lo hacen muchas veces niños que ni siquiera están en primero de media. Y lo más doloroso de todo, es que muchas veces lo hacen por presión, por falta de autoestima, de amor propio…por falta de tener a alguien con quien conversar. Por escapar de la soledad en la que viven. Así que este artículo lo que busca es reflexionar acerca de cómo estamos conversando con nuestros hijos. ¿Estamos poniendo límites? ¿Estamos realmente preguntándonos cómo se están sintiendo? ¿O estamos buscando tapar todos estos vacíos con permisos ilimitados? Y lo más importante de todo: ¿Estamos enseñando con el ejemplo? La coherencia, amigos, entre lo que decimos y hacemos, es lo que tanta falta hace en esta sociedad.
¿Hasta cuándo todo lo que les damos seguirá siendo ilimitado?
Porque la verdad es que muchas veces lo ilimitado sale caro.